Podría haber dejado todo como estaba, sin importarme nada.
Podría haberte dicho que te quiero con el alma,
y haberte gritado que te quedaras, para nada.
Podría haberte explicado cada silencio y cada palabra.
Y seguir sin entender nada.
Podría haberte mirado a los ojos como nunca,
y seguir queriéndote como siempre.
Podría haber esperado, y quizás nada más hubiera pasado.
Tirarme en la cama y sólo escuchar el sonido del alma.
Podría haberle dicho al corazón que se callara
y haberme quedado con las ganas de mirar el alba.
Podría haber exagerado y amenazado con la muerte.
Y morí. Pasó. La muerte del alma, es muerte en su esencia.
Tenía que desaparecer y lo hice.
Soy mucho más de lo que era hace cien años, en mi otra vida.